Cuando las tiendas olían a comida: del mostrador de ayer al futuro de la alimentación
Imagen recreada para evocar el comercio tradicional de alimentación y el oficio. Hubo un tiempo en que algunas tiendas podían reconocerse con los ojos cerrados. No hacía falta mirar el rótulo de la puerta. Bastaba entrar. Unas olían a café. Otras a bacalao, a embutido curado, a especias, a madera, a jabón, a vino o a ese aroma difícil de explicar que nacía de tener muchas cosas distintas compartiendo un mismo espacio. También tenían sonidos. El golpe del cuchillo sobre la tabla. El papel envolviendo una pieza. Una báscula que volvía a su sitio. Una puerta que se abría una y otra vez. Las conversaciones de quienes esperaban turno. Y tenían algo que hoy resulta todavía más difícil de describir: memoria. Un mostrador era mucho más que un mostrador Detrás de aquellos mostradores no solo había mercancía...